Y de repente… El coronavirus nos lleva a una situación excepcional para todos

Tenemos la suerte de vivir en una época y un contexto en el que no solemos vivir con la sensación de incertidumbre, o inestabilidad para la
seguridad de la propia vida y la salud, tanto física como mental. Por lo menos no de una forma continuada. Y sin embargo, de repente… la
situación puede cambiar y podemos empezar a encontrarnos con noticias, o vivencias que hacen que esa sensación de seguridad se tambalee.

Y en ese momento… nos sentimos confundidos. Cada uno de nosotros puede ir reaccionando de manera muy distinta. Sin embargo es muy común que nos volquemos para conocer la información y seguirla en cada momento, para tener datos suficientes y saber qué podemos hacer. Y entonces van apareciendo más noticias que alarman y cada vez queremos saber más para poder decidir qué podemos hacer. Y las noticias siguen avanzando y cambiando y algunas de ellas pueden ser hasta contradictorias, o incluso falsas…


Y en todo este proceso la seguridad que nos parecía vivir se siente en duda, y con la capacidad de atacar directamente a nuestra salud, como mínimo psicológica.


Cuando la situación obliga a una toma de decisiones en las que no podemos intervenir ya que están destinadas a las autoridades, no hay mejor opción que confiar en que las decisiones que se tomen van a ser positivas para nuestra salud, y que nuestro cometido va a ser llevarlas a cabo con ese convencimiento. De forma individual podemos estar de acuerdo en unas cosas o en otras… sin embargo cuando la decisión de la solución de una situación extraordinaria está fuera de nuestro alcance el objetivo no está en gastar energía estando de acuerdo o no, sino en reservar dicha energía para lo que sí depende de nosotros.


Y ese es el objetivo de este artículo: emplear nuestra energía en algo que dependa de nosotros mismos y que nos haga sentir mejor en estas situaciones extraordinarias.


En ese contexto existen dos áreas en las que podemos intervenir de forma directa y que solo depende de nosotros mismos.


  • Seguir las instrucciones de todas las medidas que las autoridades hayan decidido esperando que den su resultado.
  • Cuidarnos a nosotros mismos en dos aspectos: 
    • Salud física: intentando mantener unas rutinas que permitan la buena alimentación y el descanso suficiente.
    • Salud psicológica: aquí es donde todo depende de nosotros y que a veces no se le hace mucho caso ya que se ve inundada por lo demás. Y, sin embargo, es la que más está bajo nuestro control y la que nos va a permitir mantenernos con el ánimo suficiente para poder seguir las demás medidas. Así que… ¿qué podemos hacer sobre nuestra salud psicológica en situaciones extraordinarias? Podemos decir que ahora es cuando empieza nuestro trabajo sobre nosotros mismos en estas situaciones:


Una de las sensaciones más habituales en las situaciones inesperadas, o excepcionales, de emergencia… es la incertidumbre. Nos podemos sentir indefensos cuando la situación habitual ha cambiado y ya no sabemos “cómo se juega a este juego”… y ahí pueden surgir miedos que pueden ser muy distintos en cada uno de nosotros, por lo que identificar esos miedos es lo principal para poder después manejarlos y que no nos manejen ellos a nosotros.


Para identificar los miedos es muy recomendable poder encontrarse con uno mismo de muchas maneras posibles: puede ser hablando con tranquilidad con alguien de confianza para poder contar cómo se siente en esta situación; puede ser escribiéndolo para leerlo después y poder ver con más claridad los miedos que rondan la cabeza…; o hablándolo con un profesional de la salud si se considera que uno solo no es capaz de identificarlos.


La gran mayoría de esos miedos, por no decir todos, se pueden desmontar pensando con racionalidad, disminuyendo la intensidad de los pensamientos y sentimientos y buscando soluciones prácticas a las que no se puede llegar cuando la intensidad del miedo es tan alta que no permite pensar con racionalidad.


Lo primero que hace falta es no juzgar a los propios miedos, es decir, no pensar que son tonterías, ya que existen y de nada sirve criticarlos; ni juzgarnos por tenerlos, ya que todos tenemos derecho a tener miedo.


Una intensidad alta del miedo no nos interesa porque no nos va a dejar pensar con claridad, pero una cierta “alerta” nos puede mantener activos para la búsqueda de soluciones, mejor que si no tuviéramos ningún miedo, que nos llevaría a la inactividad y a asumir riesgos que nos podrían perjudicar.


En situaciones excepcionales o de emergencia el miedo puede venir muchas veces de la sensación de falta de control; de que antes las cosas funcionaban de una manera y después ya no…por lo que ya no sabemos cómo funcionan.


Debido a esto es necesario entender que todo no puede estar bajo control; que no tenemos la capacidad, ni tenemos que tener, de poder controlar todo. Entender que no todo puede estar bajo control nos ayuda a manejar mejor esa sensación cuando aparece en una situación que no podemos controlar.


Cuando nos encontramos con situaciones que están fuera de nuestro control, nuestro trabajo consiste en ver en qué aspectos sí tengo el control, y actuar sobre ellos.


Entendido esto queda hacerse un plan individual para cada uno en el que se incluyan aquellas cosas que le ayuden a sentirse mejor dentro de la situación excepcional en la que se encuentre. Las recomendaciones generales pueden ser muchas, pero las más eficaces son las que le vienen bien a uno mismo, y por eso tienen que pensarse de forma personalizada.


Ejemplos de recomendaciones para ayudarse a sentirse mejor pueden ser:

  • Mantener la seguridad física siguiendo las recomendaciones de las autoridades.
  • Mantener contacto con los seres queridos. Si no puede ser físicamente tenemos muchas posibilidades de mantenerse en contacto de otras formas. Las nuevas tecnologías nos ofrecen muchas opciones para reducir la “distancia emocional” si la física no se pudiera eliminar.
  • Evitar la sobreexposición a noticias en medios de comunicación y redes sociales. Es bueno estar informado, pero la sobreexposición puede llevar a no parar de pensar en lo mismo todo el tiempo y puede que esos pensamientos se hagan “en espiral” de forma que no aporten nada nuevo y en cambio sí vayan consumiendo energía y aumentando la preocupación de forma poco productiva.
  • Intentar informarse a través de canales que sean fiables, ignorando la información que no sea cierta y evitando compartir información falsa que pueda alertar a otras personas que la reciban.
  • Es bueno dejar de recibir información en algún momento y que se pueda dejar espacio a pensar en otras cosas, que si son más agradables, permiten un respiro que vendrá muy bien para continuar. En ese espacio se pueden permitir todas las actividades compatibles con la situación que faciliten el descanso mental sobre el tema que preocupa: hablar de otros temas, leer, escuchar música, jugar… un sinfín.
  • En resumen, la recomendación básica es cuidarse a uno mismo en todas las áreas sobre las que se puede actuar directamente, y el área psicológica está bajo nuestro control. Es importante actuar sobre ella para poder estar lo mejor posible ante una situación excepcional sobre la que no todo depende de nosotros mismos.
  • Si conseguimos estar bien nosotros mismos entonces también podremos ayudar a que los demás también lo consigan.
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